Diputada Adriana Muñoz (PPD): “Este discurso fue de una enorme amnesia histórica”
22 mayo 2013 – 11:41 | No Comment

La diputada por el Noveno distrito y candidata al Senado por la Cuarta Región, Adriana Muñoz, criticó el contenido del discurso entregado por el Presidente Piñera en su Cuenta Pública del 21 de mayo y …

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Armando Fernandez Larrios: el abominable asesino de la DINA

Submitted by on 16 julio 2012 – 0:36No Comment

Las confesiones entregadas por Jorgelino Vergara, más conocido como “El Mocito” de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), al periodista Tomas Mosciatti de la cadena de Televisión CNN Chile, sin duda que no dejan a nadie indiferente, al conocer en detalle el escalofriante relato de cómo operaba este órgano del Estado contra los opositores al Régimen Militar del dictador Augusto Pinochet en Chile.

Después de 30 años de silencio, la Brigada de Derechos Humanos de la Policía de Investigaciones (PDI) dio con su paradero, en la búsqueda del asesino material del secretario general del Partido Comunista, Víctor Díaz.

En el afán por defender su inocencia, “El Mocito” rompió el pacto de silencio y terminó relatando los macabros episodios de los que fue testigo y también protagonista, desde que a los 16 años llegó a la casa de Manuel Contreras, Jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA) para realizar labores domésticas y luego pasar al cuartel Simón Bolívar, único centro de exterminio de la dictadura conocido hasta ahora gracias a sus declaraciones.

Las confesiones de Jorgelino Vergara al juez Víctor Montiglio facilitaron el procesamiento de 120 agentes de la DINA en 2007, el avance de varios casos de violaciones a los derechos humanos y ahora causan revuelo: primero como parte del documental de Marcela Said y Jean de Certeau, “El Mocito”, y luego como relato conductor del libro “La danza de los cuervos. El Destino final de los detenidos desaparecidos” (Ceibo Ediciones), del periodista Javier Rebolledo.

Macabro relato

Los acontecimientos, narrados paso a paso por Jorgerino Vergara, dan cuenta de una de las más brutales y sanguinarias acciones cometidas por funcionarios públicos cuyos sueldos eran pagados por el entonces multimillonario empresario chileno, Ricardo Claro, según precisa en la mencionada entrevista, quien financiaba el costo de los operativos de este cuerpo represivo del régimen.

Hasta ahora la teleaudiencia chilena tal vez no había tenido la oportunidad de estar frente a uno de estos funcionarios que participó y presenció los crímenes más horrendos que efectuaron este grupo selecto de la DINA con licencia para matar sin restricción.

Y es en este punto cuando se hace “notar” uno de ellos por su alevosía para dar muerte a los prisioneros políticos en el Cuartel de Simón Bolivar 8800: Armando Fernandez Larrios, el capitán de ejército que mutilaba a sus víctimas con un corvo.

“Yo deduzco que tiene que haber sido adicto a la cocaína, por que tenía esos gestos típicos (en la nariz) y normalmente sacaba prisioneros cuando ya no había nadie en el cuartel, tarde en la noche, de amanecida, de madrugada…se destacaba, era experto en el uso de los corvos…a mi se me ordenaba lavar el sitio del suceso y no dejar huellas de sangre, nada, cuando veía los cuerpos destrozados a la entrada al gimnasio”, relata Jorgerino Vergara.

Fernandez Larrios no iniciaba ahí su abominable manera de matar prisioneros y opositores al régimen. Su célebre “maestría” fue demostrada al integrar un equipo de militares que recorrió el país en el caso conocido como “la caravana de la muerte”

Se trató de una comitiva del Ejército de Chile que en 1973, por orden de Augusto Pinochet tuvo la misión de “agilizar y revisar” los procesos de los detenidos tras el Golpe Militar.

Días después del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, Augusto Pinochet señaló “No habrá piedad con los extremistas“. Por eso, al recibir noticias del trato más comedido que algunos comandantes de guarniciones de provincia le daban a los ex dirigentes de la Unidad Popular, decidió aleccionar a estos mandos “blandos” enviando a un Oficial Delegado que lo representaría y actuaría en su nombre. El designado para esto fue el general Sergio Arellano Stark, quien portaba un documento-pasaporte en donde este era nombrado “Oficial Delegado del Comandante en jefe del Ejército y Presidente de la Junta de Gobierno” para “acelerar procesos y uniformar criterios en la administración de justicia” de los prisioneros.

Integrantes de la comitiva

Arellano dio órdenes de preparar la logística de la operación al teniente Juan Viterbo Chiminelli.

El grupo de oficiales del Ejército que finalmente realizaron el viaje, eran en orden de jerarquía militar:

Además de estos diez miembros, fueron dos clases8 de la escuela de infantería del ejército.

Recorrido

El grupo partió desde el aeródromo Tobalaba el 30 de septiembre de 1973. El viaje fue realizado en un helicóptero Puma del ejército, cuyo recorrido inicial fueron ciudades del sur de Chile: Rancagua, Curicó, Talca, Linares, Concepción, Temuco, Valdivia, Puerto Montt y Cauquenes. A su paso dejó 26 personas muertas. El regreso de la caravana a Santiago fue el 6 de octubre.2

El viaje por el norte de Chile partió el 16 de octubre de 1973, recorriendo las ciudades de La Serena, Copiapó, Antofagasta, Calama, Iquique, Pisagua y Arica. El saldo de muertos fue de 71 personas. El regreso definitivo a Santiago fue el 22 de octubre.2

Asesinatos

Los militares ejecutaron a prisioneros políticos con especial brutalidad. En muchos casos usaron corvos antes de fusilarlos.9 Las víctimas eran luego enterradas en tumbas sin marcar.

Años después, se le preguntó al ex general Joaquín Lagos Osorio -comandante de la 1ra División del Ejército y jefe de zona en Estado de Sitio en Antofagasta- porque no se habían entregado los cuerpos de los ejecutados a sus familias para enterarlos. Lagos explico que le daba “vergüenza” que se descubriera la forma bárbara en que los oficiales asesinaron a los 14 prisioneros de Antofagasta.

“Me daba vergüenza verlos. Si estaban hechos pedazos. De manera que yo quería armarlos, por lo menos dejarlos en una forma humana. Sí, les sacaban los ojos con cuchillos, les quebraban las mandíbulas, les quebraban las piernas… Al final les daban el golpe de gracia. Se ensañaron”. [...] “Se los mataba de modo que murieran lentamente. O sea, a veces los fusilaban por partes. Primero, las piernas; después, los órganos sexuales; después, el corazón. En ese orden disparaban las ametralladoras”

Joaquín Lagos.

Hasta ahora, ningún Gobierno, ninguna figura política importante de Chile, ha realizado las gestiones ante Estados Unidos, aquel país del Norte que”no da tregua” a su lucha antiterrorista, para solicitar y exigir la extradición de Armando Fernandez Larrios a Chile, para que pague sus crímenes de lesa humanidad.  Por el contrario, el Gobierno Noteamericano le prestó asilo por haber “colaborado” en la investigación que fue seguida por el crímen del ex canciller Orlando Letelier, asesinado en ese mismo país.

Junto a Fernadez Larrios, otro que encabeza la nómina de criminales de la dictadura de Pinochet, Mihael Townley, se pasea libremente por las calles del país del Norte, siendo confeso de los asesinatos de Orlando Letelier y el ex comandante en jefe del ejército chileno, Carlos Prat.

VEA LA ENTREVISTA DE TOMAS MOSCIATTI AQUI    http://www.youtube.com/watch?v=wHybxU8i85g

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