Diputada Adriana Muñoz (PPD): “Este discurso fue de una enorme amnesia histórica”
22 mayo 2013 – 11:41 | No Comment

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ISAÍAS CABEZÓN: el más grande aporte del Choapa a la humanidad

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ORIUNDO DE LAS TIERRAS SALAMANQUINAS Y AMIGO PERSONAL DE PABLO NERUDA, FUE UNO DE LOS MÁS GRANDES PINTORES HISPANOPARLANTES DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

 

 

 

 

patricionazer21(Escribe y complila el escritor y periodista Patricio Nazer) ME EMBARGABAN sentimientos encontrados en ese caluroso anochecer santiaguino de 2005: orgullo y a la vez indignación, por decir lo menos. Observaba atento la multitud de rostros asistentes a la inauguración de la Exposición ‘Don Qui: Homenaje de Matta a El Quijote’, en el marco de la ‘25ta Feria Internacional del Libro de Santiago’; daba la impresión que en todo el ‘Centro Cultural Estación Mapocho’ no había nadie de Salamanca o de la provincia de Choapa para asistir al homenaje que le tributarían al más ilustre de los suyos: Isaías Cabezón. ¿Qué está pasando en el Choapa, qué sucedió que no se dispuso, al menos, de una comitiva para estar cabezonpresente en este trascendental suceso? ¿Acaso no existe en el Choapa espacio  para la cultura grande, la que no tiene colores políticos? ¿Será cierto lo que me dijera hace algunos años el entonces concejal Nury Pereira en el sentido de que mientras exista hambre en el Choapa no se podrá hablar de arte ni de filosofía? En fin, quizá hasta hoy las autoridades ni los medios de comunicaciones locales se han enterado que aquella vez hubo una Mesa de Conversación sobre el célebre y revolucionario ‘Grupo Montparnasse’, el que dividió en un antes y un después a la plástica nacional, y que en los años ’20 fue liderado por Luis Vargas Rosas. Justamente uno de sus integrantes fauvistas fue Isaías Cabezón Acevedo, el más insigne pintor que haya tenido alguna vez el norte chico chileno (se le aprecia al extremo izquierdo de la imagen que muestra al afamado conjunto de pintores, en 1945).

                        Aunque casi huérfano de la compañía de coterráneos, tuve, pues, la grata misión de representar al Choapa, en el momento en que correspondía referirse al maestro Cabezón. El ‘Instituto Hispano Chileno de Fomento, MATTADesarrollo y Cultura’ había organizado y patrocinado tanto la mencionada Exposición como la interesante Mesa de Conversación, con el auspicio de la ‘Comisión del IV Centenario Quijote’, el ‘Ministerio de Cultura de España’, la ‘Cámara del Libro de Chile’, la ‘Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile’ y las líneas aéreas ‘Air Madrid’. La original Muestra tuvo como pieza básica las dos series de litografías que Roberto Matta (en la imagen) dedicó a El Quijote en 1985, compuesta por 15 litografías firmadas y numeradas y la serie ‘Qui d’Eux’ (1990), conformada por 10 litografías también suscritas y numeradas por el maestro. Se podría afirmar que no se trata de una especie de Quijote ilustrado sino de la más fantástica y creativa de las interpretaciones. Se complementó esta Muestra con la exhibición de un texto —de los muchos que escribiera Matta— con su peculiar jerga, juego constante de palabras e ideas que entretejía a su antojo retando las normas más pragmáticas de la gramática: “Cervantes es alzar la lanza a dos manos en contra de los churrulleros que deslizan entre nosotros sus descarrilados cuentos, cervantear es desgañitarnos en contra de sus desmorroneantes desparpajos hollywoohediondos de pinochetorreas, cervantear es hazañear y sus helechos en el lecho del hecho”. ¿Qué tal? Un genio con motoneuronas superlativas.

             La participación (ponencia) que me correspondió asumir se amplifica en la siguiente crónica. Además, es GOÑImenester enviar un agradecimiento al Comisario de la Muestra, José Goñi, quien fuera embajador de Chile en Italia durante los últimos años de Matta, por su gentileza de haberme integrado al selecto panel (se le observa en la imagen junto a la illapelina Leyla Saavedra, profesora que también estuvo presente).

EL MÁS GRANDE ARTISTA DEL CHOAPA

             ISAÍAS CABEZÓN, según el pintor Camilo Mori, no sólo era calvo y chico sino además cojo; sin embargo, aseguraba medio en broma medio en serio: “Lo que pasa es que el ‘Pelao’ es corto de las dos piernas, por eso nadie ha notado su desnivel de planta”. Enrique Lafourcade, CABEZON2agrega que el maestro era muy pequeño, “de poderoso tórax, gran cabeza calva, mirada rápida, huidiza”. (En la fotografía obtenida tras un ‘carrete’ parisino en la época de ‘los locos años 20’, Neruda intenta demostrarle a sus amigos que puede equilibrar sus piernas y ‘hacer el 4’, apoyándose en los hombros del salamanquino Cabezón).    

                         Pero, ¿quién era, en verdad, este personaje que revolucionó la plástica nacional, y que junto a sus amigos montparnasse dividió en un antes y un después el arte pictórico de Chile? Vamos por parte. Si bien Cabezón nace en la ciudad de Salamanca en 1891 —tres años antes que se instalara oficialmente la comuna (6 de mayo de 1894) y en el seno de un hogar amante de la pintura y la música que le brindaría las facilidades para dedicarse al arte— otros hechos colaboraron para que él definiera su vocación: Chile vivía hacia 1910 uno de los periodos más importantes de su resurgimiento cultural y artístico, e incluso ese mismo año se inauguraba el Museo de Bellas Artes con una exhibición internacional de gran trascendencia; Fernando Álvarez Sotomayor se había hecho cargo de una cátedra de pintura en la Escuela de Bellas Artes, teniendo la fortuna de encontrar un selecto grupo de discípulos, de los más dotados artistas del pincel en nuestro historial pictórico: todo ello, pues, contribuyó para que Santiago empezara a dejar de ser una gran aldea sin intereses plásticos y Cabezón definiera su futuro.                   

                         Desde muy niño se hace popular como “buen dibujón” y afichista en su pueblo natal. Héctor Fuenzalida, escribe: “En 1903 hizo la primera maleta de estudiante para ingresar al Seminario de La Serena. Nunca ha podido desempacarla completamente. Siempre vivirá de paso, en esas tristes piezas de las pensiones, las residenciales y los modestos hoteles en que mora. Esas piezas estarán llenas de maletas, como las de un viajero listo para emprender la otra mudanza”. Tras terminar los cursos de la enseñanza secundaria en Valparaíso, inicia sus estudios superiores inscribiéndose en el primer año de ingeniería; sin embargo, a causa de la muerte de su padre se ve obligado a dejar la carrera y comienza a trabajar en el Banco Alemán Trasatlántico. Sin dejar su fuente laboral, ingresa en 1917 a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, a cargo del célebre maestro Juan Francisco González y RicardoCARTELES Richon Brunet. Su participación en los concursos de las Fiestas de la Primavera organizados por la Fech  —consistente en desfiles callejeros de carros alegóricos, el ‘Circo Universitario’, la ‘Velada Bufa’, los ‘Juegos Florales’— le abre el camino en la gráfica chilena y a la realización de carteles, portadas de libros, etiquetas e imágenes para sus amigos. Sus carteles ganadores de los concursos sucesivos —1917, 1918 y 1919— marcaron un hito en esos años, cuando el diseño gráfico era sólo un esbozo y muy pocos los que participaban en esa aérea, como el mismo Cabezón, que lo asume como un medio de reunir dinero para cumplir con su sueño de viajar a Europa y poder estudiar pintura. En ellos representa la alegría del carnaval con sus personajes, como un dinámico arlequín de colorido traje amarillo con corazones rojos (en la imagen), que en su baile denota la alegría de las fiestas acompañándose de cascabeles; su tratamiento de los colores planos y la manera de utilizar los contornos es el reflejo de los bailes y la diversión.

                        En 1922 Isaías viaja finalmente a Europa con el dinero obtenido en los concursos de afiches, en un peregrinaje de avidez muy sentida. Visita varios países, los que recorre dibujando y pintando óleos y acuarelas. El artista aprovecha toda oportunidad para conocer de cerca a los más importantes intelectuales de la época en España y a los maestros impresionistas, fauvistas y expresionistas en París y Alemania.

                        Muy motivado y con ansias de aprender todo cuanto antes, trabaja como decorador y diseñador de etiquetas en Madrid; en París organiza varias exposiciones de autores latinoamericanos y frecuenta los talleres del Montparnasse; además estudia arte en las Academias de ‘André Lothe’, ‘Colarrosix’ y la ‘Grand Chaumiére’. Sus obras son elogiadas por los críticos Florent Fels, Charensol y Maurice Raynal. En Berlín trabaja con el pintor Otto Joeckel. Pero no sólo la pintura libre perfecciona en aquella memorable ocasión, sino que también la técnica gráfica y la escenografía. Como constante general de su hacer plástico queda, a juicio de los especialistas, su afición de las gamas altas de los expresionistas germanos y el torbellino de apasionados contrastes formales que tan bien lo caracterizan. Más allá de influencias, es dable destacar, supo darle a su obra el matiz personal, el tono ambiental, que le hizo defender lo que él llamaba ‘La Escuela de Santiago’, al reunir un grupo de pintores que habían interpretado con mesurada modernidad el paisaje capitalino. 

                        A su regreso a Chile, a mediados de la década del ‘20, forma parte y apoya las ideas postimpresionistas del ‘Grupo Montparnasse’ liderado por Camilo Mori (1896-1973). Dicha agrupación cultivaba el vigor constructivo y la alegre vitalidad del color, a la manera fauve (literalmente ‘fiera’, etiqueta peyorativa aplicada por el crítico Vauxcelles, en el contexto de la exploración del color como medio expresivo independiente de la recreación de la luz). A Cabezón le correspondió bautizar la rebeldía grupal, cuando escribe: “En los mil doscientos metros de boulevard que separan la estación Montparnasse del encuentro del boulevard Saint Michel con las calles del Observatoire y Port Royal, parecía estar en 1924 el centro del mundo. Allí se mezclaban representantes de todos los países y artistas que trataban de expresar las formas nuevas de la vida”.

                        Además trabaja como escenógrafo e ilustrador, iniciando el desarrollo del cartel artístico en Chile: con su asesoría, en el año 1929 se crea la Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad de Chile comenzando allí la enseñanza del cartel publicitario. Asimismo, aceptó diseñar la gráfica para la campaña presidencial de 1920 que realizó Arturo Alessandri Palma, quien a la postre sería electo para implementar la mayor modernización del país hasta entonces. 

                        En 1928 es designado profesor de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile y miembro de los salones independientes de París y Jurifrei de Berlín. Integra la Generación del Veintiocho, el grupo de profesores y alumnos que becados por el Gobierno viajaron en ese año a cursar estudios en Europa, justamente debido al cierre temporal de la mencionada Escuela universitaria.

                        En 1929 fue nombrado Miembro Académico de Bellas Artes. Fue profesor de Dibujo Ornamental en la Escuela de Canteros, la Escuela de Bellas Artes y las Escuelas de Temporadas de la Universidad de Chile. Además se retratodesempeñó como funcionario público en el Ministerio de Educación y fue gestor de diversas iniciativas que ayudaron al desarrollo de las artes plásticas chilenas, así como de políticas tendientes a mejorar la situación económica y la imagen del artista chileno.  (En la imagen se observa ‘Retrato I’, de Isaías Cabezón).

                        En 1930 viaja a Berlín, y junto al pintor Héctor Cáceres y al dibujante Gustavo Carrasco ingresa a la ‘Kunstgewerbe und Handwerker Schule’, donde realiza cursos de artes gráfica y grabado.

ESTRATEGIA VISUAL

                        DURANTE UN TIEMPO Cabezón conoce y cultiva el surrealismo figurativo, destacándose en ese periodo sus obras con figuras de caracolas, columnas griegas y planetas flotantes.

                         Incursiona en todas las tendencias pictóricas manteniendo su individualidad y espontaneidad. Realiza retratos, naturalezas muertas y acuarelas de paisajes chilenos. Maneja con gran oficio las más diversas técnicas como la pluma, la sanguina, conté y carbón. Pero sería el postimpresionismo y más tarde, el fauvismo, los que definirían su gran obra.  

                        El postimpresionismo es el término que engloba los diferentes estilos pictóricos que sucedieron en Francia al impresionismo, entre 1880 y 1905 aproximadamente. Fue acuñado por el crítico británico Roger Fry en 1910, con motivo de la exposición de pinturas de Paul Cézanne, Vincent van Gogh y Paul Gauguin, celebrada en Londres. Además de estos tres artistas, también se incluyen en esta corriente Henri de Toulouse-Lautrec y Georges Seurat.  

                        Aunque los postimpresionistas basaron su obra en el uso del color experimentado por los impresionistas, reaccionaron contra el deseo de reflejar fielmente la naturaleza y presentaron una visión más subjetiva del mundo. Georges  Seurat, denominado neoimpresionista por sus criterios más próximos al impresionismo, inventó una técnica denominada puntillismo.

                        La obra de Cézanne, Gauguin y Van Gogh se caracterizó por un uso expresivo del color y una mayor libertad formal. Cézanne se interesó por resaltar las cualidades materiales de la pintura, representando seres vivos y paisajes, volúmenes y relaciones entre superficies. Su interés por las formas geométricas y la luz prismática inherente en la percepción de la naturaleza anticipó los experimentos del cubismo.

                        Gauguin, en un intento por conseguir la capacidad comunicadora del arte popular, se centró en la representación a base de superficies planas y decorativas. Van Gogh, por su parte, se aproximó a la naturaleza con vigorosas pinceladas coloristas, evocadoras de las emociones internas del artista.

sin titulo                        Otros movimientos artísticos posteriores, como el cubismo, el expresionismo, el fauvismo, el surrealismo y el futurismo, presentaron algunas de las características de la pintura impresionista: la libertad expresiva del artista y el énfasis en el concepto abstracto del arte. En concreto, las vanguardias artísticas del siglo XX reflejaron la nueva interpretación del mundo preconizada por Cézanne, Gauguin y Van Gogh. (En la imagen se aprecia ‘Sin título’, de Isaías Cabezón, que presenta la perspectiva distorsionada, pincelada libre y fuerte colorido característicos de los pintores fauvistas).

 cabezon3                        El fauvismo, por su parte, es el movimiento pictórico francés de escasa duración en Europa —entre 1904 y 1908, aproximadamente, aunque en Chile se prolongaría hasta fines de la década del ‘20— que revolucionó el concepto del color en el arte contemporáneo. Los fauvistas rechazaron la paleta de tonos naturalistas empleada por los impresionistas en favor de los colores violentos, introducidos por los postimpresionistas Paul Gauguin y Vincent van Gogh, para crear un mayor énfasis expresivo. Alcanzaron una intensa fuerza poética gracias al fuerte colorido y al dibujo de trazo muy marcado, desprovisto de dramatismo lumínico. (En la imagen se observa ‘Retrato II’, de Isaías Cabezón).

                        Como ya se había dicho, el término fauves —literalmente ‘fieras’— fue una etiqueta peyorativa aplicada, probablemente por el crítico Vauxcelles, con motivo de la primera exposición, celebrada en la sala VII del ‘Salón de Otoño’ de 1905, donde se mostraba un torso italianizante entre estas pinturas de colores casi puros; ante esta visión, parece ser que el crítico exclamó: “Donatello entre las fieras”. Sus integrantes fueron André Derain, Maurice de Vlaminck, Raoul Dufy, Georges Braque, Henri Manguin, Albert Marquet, Jean Puy, Emile Othon Friesz y Henri Matisse, su principal exponente. El término fauves nunca fue aceptado por los propios pintores y, de hecho, no describe de ningún modo su intención subjetiva ni el lirismo de sus imágenes. En Chile, durante la década del ´20, se comprometen con sus postulados Camilo Mori, Manuel Ortiz de Zárate, Waldo Vila, Jorge Caballero, Hernán Gazmuri, Augusto Eguiluz, Marta Villanueva, Inés Puyo y el más insigne pintor de Choapa, Isaías Cabezón.

                        El fauvismo, a diferencia de otros ismos, no reclamaba un programa estético ni lanzó ningún manifiesto. Pretendía revisar cuestiones abiertas, aún no resueltas, por los impresionistas, como la imposibilidad de imitar los efectos de la luz solar y su representación a través del color. De este modo su intención fue la de explorar el color como un medio expresivo independiente de la recreación de la luz.

                        Técnicamente, el uso fauvista del color derivó de los experimentos realizados en Saint-Tropez durante    el verano de 1904 por Henri Matisse (1869-1954), donde contactó con los pintores que aplicaban pequeñas manchas de color puro para conseguir una imagen óptica más científica que la de los impresionistas. Los cuadros neoimpresionistas de Matisse, mientras siguió estrictamente estas reglas, ya mostraban un pronunciado interés por el lirismo del color.

                        En general, se suele hablar de dos etapas del movimiento fauvista: la primera, entre 1905 y 1906, denominada ‘fauvismo de la técnica mixta’, que se caracterizaba por la síntesis entre el divisionismo de Georges retrato IIISeurat y la arbitrariedad de las áreas cromáticas de Vincent van Gogh. La segunda es el llamado ‘fauvismo del color plano’, desarrollada entre los años 1906 y 1907, influida por Gauguin y donde ya se apreciaba una madurez cromática y formal.

                        En el verano de 1905, Matisse y Derain pintaron juntos en ‘Collioure’ con “una luz dorada que elimina sombras”. Empezaron a usar los colores complementarios puros, en pinceladas vigorosas y uniformes, sueltas y alargadas, obteniendo así campos lumínicos más que representaciones objetivas de la luz. Con su colorido estridente, estos cuadros evocan en el espectador el espíritu del Mediterráneo. Cuando ambos conocieron las pinturas de los mares del Sur de Gauguin, se confirmaron en sus teorías sobre la subjetividad del color y se consolidó el movimiento fauvista. (En la imagen se observa Retrato III, de Isaías Cabezón).    

                        Matisse rompe definitivamente con la representación naturalista (óptica) del color: la nariz de una mujer puede representarse con una mancha verde si con ello se añade expresividad a la composición. “Yo no pinto mujeres, pinto cuadros”, dijo textualmente este artista.

                        Cada pintor fauvista experimenta con las premisas del estilo a su modo; hacia 1908, no obstante, en Europa todos habían abandonado su vinculación al grupo, aunque mantuvieron en su obra la constante del colorido como elemento expresivo de la pintura. En Chile, por otra parte, esa historia recién comenzaba.

LA INMENZA FAMA DEL SALAMANQUINO

                        NerudaCUENTA VOLODIA TEITELBOIM que las amistades del joven Pablo Neruda se multiplicaban con el paso de los días, reclutadas entre compañeros de Universidad, escritores y artistas. Pronto los sitios de reunión fueron determinadas tabernas santiaguinas, como el ‘Hércules’, el ‘Jote’, el ‘Venezia’, y sitios de un nivel material más alto, como los clubes alemanes de las calles Esmeraldas y San Pablo, amén de la ‘Posada del Corregidor’; los amigos se convirtieron en asiduos del cabaret de la ‘Ñata Inés’, y después del ‘Zeppelin’. Se juntaban en esa época los poetas Alberto Rojas Jiménez, Ángel Cruchaga, Rosamel del Valle, Gerardo Seguel, Homero Arce, Rubén Azócar; los pintores Armando Lira, Ju  lio Ortiz de Zárate, el choapino Isaías Cabezón, Israel Roa, Paschin, el caricaturista Víctor Bianchi, quien veinte años más tarde ayudaría a Neruda a cruzar la Cordillera, en los días de la persecución del Presidente González Videla.

                        hormiguitaIsaías Cabezón fue, nada más y nada menos, la persona que le puso el apodo de ‘Hormiga’ a Delia del Carril Iraeta (en la imagen). Tanto quería Neruda a los argentinos que se casó con uno de ellos: Delia, nacida el 27 de septiembre de 1884 en las estancias Polvaredas, del partido de Saladillo y quien falleciera el 29 de de julio de 1989, en Santiago a la edad de 104 años. El pintor Isaías Cabezón, quien convivió mucho con el matrimonio chileno-argentino, y al ver la actitud y gran energía que desplegaba Delia para ayudar permanentemente a sus amigos, intelectuales con dificultades, artistas pobres, dijo un día: “Esta Delia es una hormiga”. Rápidamente el nombre fue adoptado por todos cariñosamente. Y así quedó inscrito, para siempre, en la historia del que sería Nobel de Literatura.

                        Asimismo, comenta el escritor Enrique Lafourcade que en esos tiempos cuando alguien publicaba un libro, recibía un premio o presentaba una exposición de cuadros, sus amigos le organizaban una comida-banquete. “No sé qué diferencia hay entre una comida y una comida-banquete. Tal vez la foto. Una fotografía final de todos con cara de buena digestión. Hoy, las cosas se celebran con un cóctel. Un vino de honor, con bocaditos plastificados. Todos con una copa en la mano y un tumulto de gente que no se conoce”, comenta el autor de ‘El gran taimado’.

     carteles2                   Y agrega: “En el ‘Amaya’, en calle Estado, se armaban estos festejos. Era un restaurante favorito de Rosamel del Valle y Roco del Campo. El maestro Isaías Cabezón tenía allí su cátedra. Isaías había nacido en Salamanca. Cantaba en alemán, tocaba una trompeta imaginaria. Eran tiempos de músicos-poetas. Acario Cotapos tocaba no una trompeta, producía una orquesta entera, imaginaria. Interpretaba sinfonías. Pedro de la Barra había institucionalizado su orquesta afónica. Isaías Cabezón acompaña a Neruda en sus errancias españolas y francesas. Acario e Isaías podrían dar lugar al más fascinante libro de aventuras. Como cuando en Madrid Neruda y Delia deciden celebrar la Navidad. Le encargan a Isaías que vaya a comprar un gran pavo. Neruda le entrega un secreto de La Frontera: ‘para que la carne quede más apetitosa, no te olvides darle un traguito de vino añejo’. El maestro Cabezón llevó al pavo a diversas tabernas, para ablandarlo. Llegaron de vuelta pasados a cervezas, vermouth y vino barato. Luego, Isaías, con muchas disculpas al pavo, le retorció el cogote. El carteles3salamanquino tenía un humor que ni de Salamanca española, debido a que allá son salmantinos. Una vez García Lorca lee, como una primicia, su poema ‘Llanto por Ignacio Sánchez Mejías’, en la casa de Neruda, y todos oyen muy conmovidos este réquiem; Isaías le espeta, al final, cuando García Lorca estaba tratando de recuperar el aliento con los ojos en lágrimas: ‘¡Mire, joven! ¿Y exactamente a qué hora sucedió todo esto?’ El maestro era muy pequeño, de poderoso tórax, gran cabeza calva, mirada rápida, huidiza. En una oportunidad en que fue a un restaurante pidió solemne la carta. Era un merendero de poca cuantía. El mozo, enfurecido, le gritó: ‘¡Aquí no hay carta, señor; aquí sólo hay longanizas con papas y papas con longanizas!’. El maestro, sin perder la calma, le dijo: ‘¡Señor, le he pedido la carta, no la patada nacional!’”. (En las imágenes se observan dos de los afiches premiados de Cabezón, en 1918 y 1919).

                        Como habíamos señalado, el pintor Camilo Mori afirmaba que Isaías no sólo era calvo y chico sino además cojo; pero que era corto de las dos piernas, por eso nadie lo notaba. Mori también era muy pequeño. En Alemania, santa mariacélebre cuento, coincidieron becados tres chicos: el maestro Isaías, el maestro Samuel Román y el chico Israel Roa. Era la Alemania del comienzo del nazismo. En una cervecería los detuvieron. Dieron sus nombres, aterrados: Isaías, Samuel, Israel… Casi se los llevan. Por su parte Pablo Neruda, en ‘Confieso que he vivido’, editado en 1974 por Seix Barral, cuenta: “Yo estaba recién llegado a España cuando recibí la notici  a de la muerte (del poeta y dibujante chileno Alberto Rojas Jiménez). Pocas veces he sentido un dolor tan intenso. Fue en Barcelona. Comencé de inmediato a escribir mi elegía ‘Alberto Rojas Jiménez Viene Volando’, que publicó después la ‘Revista de Occidente’. El no poder estar junto a sus restos, el no poder acompañarlo en su último viaje, me hizo pensar en una ceremonia. Me acerqué a mi amigo el pintor Isaías Cabezón y con él nos dirigimos a la maravillosa basílica de Santa María del Mar (en la imagen). Compramos dos inmensas velas, tan altas casi como un hombre y entramos con ellas a la penumbra de aquel extraño templo. Porque Santa María del Mar era la catedral de los navegantes. Pescadores y marineros la construyeron piedra a piedra hace muchos siglos. Luego fue decorada con millares de exvotos; barquitos de todos Niño con la naranjalos tamaños y formas, que navegan en la eternidad, tapizan enteramente los muros y los techos de la bella basílica gótica. Se me ocurrió que aquél era el gran escenario para el poeta desaparecido, su lugar de predilección si la hubiera conocido. Hicimos encender los velones en el centro de la basílica, junto a las nubes del artesonado, y sentados con mi amigo, el pintor salamanquino, en la iglesia vacía, con una botella de vino verde junto a cada uno, pensamos que aquella ceremonia silenciosa… nos acercaba de alguna manera misteriosa a nuestro amigo muerto. Las velas, encendidas en lo más alto de la basílica vacía, eran algo vivo y brillante como si nos miraran desde la sombra y entre la sombra y entre los exvotos los dos ojos de aquel poeta… cuyo corazón se había extinguido para siempre”.  (En la imagen se observa la obra ‘Niño de la Naranja’, de Isaías Cabezón).

                        Cuando Isaías Cabezón se preparaba para  viajar a Salamanca, con el noble propósito de hacer una donación y difundir sus conocimientos artísticos entre el estudiantado, muere en Santiago, en el año 1963, acompañado por sus colegas pintores y dejando a la posteridad una extraordinaria e innovadora obra, cuya principal contribución a la plástica chilena fue su antiacademismo, antinaturalismo y antirrealismo. También mujeres de pescadoressobresale en su pintura la ausencia de un estricto estilo plástico en el contexto de un arte vigoroso y libertario, y a la vez la presencia de un espíritu lírico para crear. Acentuó la ruptura con la concepción representativa de la pintura chilena, influido por la europea y en especial por la del pintor francés Paul Cézanne. Fue capaz de autodeterminar leyes propias de espacio y tiempo y, en definitiva, fue parte de esa generación que renovó para siempre el lenguaje pictórico nacional, a través de la presencia sutilmente abstracta de las cosas que se revisten en sus telas de una intensa densidad a través de la luz y el color. De manera paralela, junto al escritor Juan Emar escribió el primer manifiesto de pintura de nuestra historia, y publicó críticas y artículos tan radicales que causaron tremenda polémica. Fue miembro fundador de la ‘Sociedad Nacional de Bellas Artes de Santiago’, de la ‘Federación de Artistas Plásticos de Chile’ y de la ‘Asociación Chilena de Pintores y Escultores’. También fue miembro de la ‘Sociedad de Artistas Independientes de Paris’, desde 1925; miembro honorario de la ‘Sociedad de Dibujantes Argentinos de Buenos Aires’, de la ‘Sociedad Nacional de Bellas Artes del Perú’ y del ‘Sindicato de Artistas Plásticos de Bogotá’. (En la imagen se observa el óleo ‘Mujeres de pescadores’, de Cabezón).

                         Hasta el presente Isaías Cabezón Acevedo es, por lejos, el más insigne artista que el Choapa ha dado a la humanidad, aunque para sus autoridades y buena parte de la ciudadanía siga siendo, en los hechos, un gran desconocido. Sería de justicia, pues, que en una ciudad como Salamanca, amable en estatuas de héroes militares y tan sicodependiente del poder central, fuese considerada la circunstancia de reivindicar a un civil de la talla del maestro, que elevó virtualmente a esa ciudad al pináculo de la fama, mucho más allá de sus leyendas folclóricas.

                          Cuentan que, poco antes de morir, el maestro Cabezón confesó tener la certeza de haber dispuesto del tiempo suficiente para “sacarle la médula a la vida”, y que confiaba que la raza humana seguiría estando, por los siglos de los siglos, llena de pasiones.

                         Que el Choapa se haga eco de algo tan sublime, cada vez que sea menester. Aunque todavía recordamos alcalde de Illapelque para el último 21 de mayo el cada vez más opaco alcalde de Illapel, Denis Cortés (en la imagen), no tuvo el coraje ni la capacidad cultural de reivindicar a los héroes de Choapa durante la Guerra del Pacífico, teniendo todos los antecedentes a la vista sobre su escritorio, proporcionados por el diario digital Davidnoticias.cl; muy distinto a lo acontecido en Los Vilos, donde su colega Juan Jorquera se valió de los mismos antecedentes para llevar a cabo una jornada cívica inolvidable.  ®

 

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