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Cuando se miran las predicciones tecnológicas para 2026, la tentación es pensar que
se viene otro de esos años lleno de palabras bonitas, inteligencia artificial en todo,
ciudades conectadas, realidad extendida, automatización, seguridad digital. Pero es
posible que la parte más interesante ni siquiera esté en la lista misma. La razón es que
estas tendencias ya no parecen una promesa lejana.
La innovación tecnológica, las herramientas y los avances en el área de la inteligencia
artificial ya no son nuevos, lo que probablemente suceda a partir de ahora, o al menos
por ahora, es la consolidación de lo ya aprendido y la aplicación de nuevas
herramientas en contextos reales.
Utilidad y regulación
Es normal que cuando algo explota como la IA no haya discusión sobre seguridad,
regulación o aplicación práctica. La fase de descubrimiento e inversión sirve como una
especie de lluvia de ideas donde todas las ideas pueden ser válidas.
Pero hoy sabemos que la Inteligencia Artificial ha avanzado hasta ámbitos donde la
regulación se vuelve obligatoria. No sólo en materia de protección de datos, sino en la
identidad de las personas. Desde el momento en que se vuelve difícil distinguir si un
vídeo es real o creado por IA, si puede imitar las voces de las personas casi a la
perfección, pasamos a un nivel que puede ser bastante peligroso si no se regula. Los
primeros pasos en esta dirección ya se han dado, pero así como la tecnología en sí es
reciente, la forma en que debería regularse no surgirá de repente.
La inteligencia artificial empieza a probarse donde hay menos margen de error
Además de la regulación en cuestiones de uso y protección de la identidad, crece la
preocupación en sectores que tratan con dinero, como instituciones bancarias,
plataformas de juego que ofrecen entretenimiento, pero también pagos para que los
usuarios puedan jugar, como ocurre con los casinos en línea. Pero también hablamos
de apps de comida a domicilio donde el pago se realiza con solo un toque en la
pantalla.
La OCDE demostró que la adopción de la IA en las empresas ya se ha más que
duplicado en dos años en los países con datos disponibles, pasando del 8,7% en 2023
al 20,2% en 2025. Al mismo tiempo, la propia organización ha insistido en que las
pequeñas y medianas empresas todavía enfrentan barreras específicas para adoptar la
IA, desde el costo y el talento hasta la dificultad para medir el retorno real.
Estos datos muestran que efectivamente existe una aplicación real de la tecnología,
pero quizás no tan ampliamente como podría pensarse. Es decir, se aplica donde el
margen de error es mínimo y se sigue probando en sectores o departamentos más
sensibles como las entidades bancarias.
La ciudad conectada y la empresa automatizada sólo se ven hermosas hasta que alguien pregunta quién las protege todas.
Estamos en la etapa de invertir menos en innovar, pero más en saber quién mantiene
todo eso, quién responde cuando algo falla y quién protege los datos. Todas ellas son
preguntas fundamentales que necesitan respuesta para que muchos sectores avancen
y confíen en esta tecnología.
El informe de ciberseguridad 2026 del Foro Económico Mundial insiste en que el riesgo
se está acelerando debido a la inteligencia artificial, la fragmentación geopolítica y la
creciente complejidad de las cadenas tecnológicas. Y Gartner siguió el mismo camino
al señalar la seguridad preventiva, la procedencia digital y la protección de las
plataformas de IA entre las líneas más relevantes para 2026. Esto significa que la
protección pasa a formar parte de la credibilidad de la propia innovación.
El año de la innovación puede ser, en esencia, el año del filtro.
Quizás la mejor forma de leer el presente sea ésta. No como un año en el que una sola
tecnología lo cambia todo, sino como el momento en el que varias dejan de cumplir su
promesa y empiezan a ser evaluadas con más frialdad.
Podría ser que 2026 sea el año en el que aparezca un invento imposible de ignorar.
Puede que acabe siendo recordada por otro motivo, mucho menos cinematográfico y
mucho más serio. Ese fue el año en el que por fin se empezó a tratar la tecnología
como parte de la estructura, y no sólo como algo que se muestra primero y se
comprende después.









