En un pronunciamiento sin precedentes, 28 países —entre ellos Reino Unido, Italia, Australia, Nueva Zelanda, Francia, Japón y Canadá— emitieron una declaración conjunta exigiendo a Israel detener de inmediato la guerra en Gaza, calificando la situación de “inhumana” y denunciando el bloqueo de ayuda humanitaria.
El texto, firmado por ministros de Asuntos Exteriores, condena “el goteo de ayuda y la matanza de civiles, incluidos niños, que intentan acceder a agua y comida”. Es el lenguaje más duro utilizado hasta ahora por aliados tradicionales de Israel.
Las cifras reflejan la magnitud de la crisis: más de 59.000 palestinos muertos, 875 asesinados desde mayo mientras buscaban alimentos, y un 90% de los dos millones de habitantes desplazados en múltiples ocasiones. La ONU alerta de una hambruna inminente.
La declaración rechaza de manera categórica el plan de Israel de crear una “ciudad humanitaria” en las ruinas de Rafah para albergar a toda la población, considerándolo “completamente inaceptable”. Además, advierte que, si Israel no respeta el derecho internacional, los firmantes están dispuestos a adoptar “acciones concretas”.
Israel respondió tachando el pronunciamiento de “desconectado de la realidad” y responsabilizó a Hamas de prolongar el conflicto. El embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, calificó el texto de “repugnante”. Aunque Estados Unidos y Alemania no suscribieron la declaración, Berlín manifestó “máxima preocupación” por la situación.
Entre los países firmantes figuran Bélgica, España, Suecia, Noruega, Finlandia, Irlanda, Austria, Países Bajos, Portugal, Suiza, Polonia y otras 14 naciones.









