Argentina marca un límite: el Senado derrota el veto de Milei y expone el trasfondo de corrupción

La política argentina acaba de dar un giro que puede marcar un antes y un después en la era Milei. Con una votación contundente —63 votos a favor, 7 en contra y ninguna abstención— el Parlamento revirtió el veto presidencial a la ley de emergencia en discapacidad, obligando al Estado a garantizar la asistencia y a restituir pensiones eliminadas a más de 100.000 personas en situación de vulnerabilidad.

La derrota es histórica: desde hace 22 años ningún Congreso había volteado un veto presidencial. Y el golpe no es menor. Lo que Milei pretendió presentar como una cruzada por el “equilibrio fiscal” (un superávit de apenas 1,1% del PIB en siete meses) terminó desenmascarado como lo que es: un ajuste despiadado contra los más débiles, cuyo costo económico —entre 0,28% y 0,51% del PIB— resulta insignificante frente al sufrimiento generado.

Pero el debate dejó al descubierto algo aún más grave: un esquema de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad. Audios filtrados apuntan a sobornos ligados a la empresa Suizo Argentina y salpican directamente a Karina Milei, hermana y principal operadora del presidente. Según las grabaciones, el propio Milei estaba al tanto de los pagos.

Las voces en el Senado reflejaron la indignación:

  • Alejandra Vigo (Unión Federal): “El veto fue inhumano”.

  • Juliana di Tullio (peronista): “Las personas con discapacidad están poniendo freno a Milei”.

  • Guadalupe Tagliaferri (PRO): “La discapacidad no es un asunto privado, es del Estado. Y la plata sale de la coima”.

La reacción presidencial fue fiel a su estilo: amenazas de judicializar la ley y advertencias de futuros vetos a cualquier norma que implique gasto social. En otras palabras, la confesión de un mandatario dispuesto a cortar derechos para sostener su dogma fiscal, aunque eso implique pisotear vidas.

Este episodio no solo devuelve un derecho básico a miles de argentinos: también desarma la narrativa de omnipotencia del mileísmo. Por primera vez desde 2003, un presidente es frenado en seco por el Parlamento. Y no por un detalle menor, sino por la defensa de la dignidad de quienes más sufren.

Argentina comienza a marcar límites. Y lo hace en el terreno más incómodo para Milei: el de la humanidad frente al ajuste y la corrupción.