Las tradicionales tarjetas de coordenadas, utilizadas durante años para autorizar transferencias y pagos bancarios, comienzan su retirada definitiva del sistema financiero chileno. Aunque la fecha límite oficial fue prorrogada, varias entidades ya avanzan en su eliminación y exigen a sus clientes adoptar mecanismos de autenticación digital más robustos.
La decisión se enmarca en la actualización de la Norma N°538 impulsada por la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), que estableció estándares más estrictos en materia de seguridad, registro y autenticación. Inicialmente, el fin de las tarjetas estaba fijado para el 1 de agosto de 2025, pero tras críticas y solicitudes de mayor flexibilidad —incluyendo planteamientos desde la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (Abif)— el regulador extendió el plazo hasta el 1 de agosto de 2026.
Bancos que ya dieron el paso
Pese a la prórroga, algunas instituciones optaron por adelantarse. BancoEstado inició en noviembre pasado la desactivación progresiva de tarjetas de coordenadas para nuevos clientes y, desde el 6 de febrero, amplió la medida a otros segmentos. En su reemplazo, promueve el uso de herramientas como BE Pass (clave dinámica) y BE Face (validación biométrica facial).
Por su parte, Banco Santander informó que desde el 9 de marzo esta modalidad dejará de estar activa para sus operaciones. En contraste, el Banco de Chile decidió mantener el sistema hasta el plazo máximo permitido por la CMF.
Autenticación Reforzada: el nuevo estándar obligatorio
El cambio no se limita a la desaparición del plástico impreso. Desde agosto de este año comenzará a regir de forma obligatoria la Autenticación Reforzada de Clientes (RCA) en determinadas operaciones.
Este sistema exige el uso de al menos dos factores distintos e independientes para validar una transacción. Estos pueden combinar:
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Algo que el usuario conoce: clave personal o PIN.
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Algo que el usuario posee: token físico, clave enviada por mensaje, tarjeta o teléfono móvil.
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Algo que el usuario es: huella digital, reconocimiento facial, voz o datos biométricos conductuales.
En la práctica, si una persona desea transferir dinero —por ejemplo, $25 mil a un familiar— la aplicación bancaria podría solicitar la clave habitual y, adicionalmente, una validación mediante código enviado al celular o reconocimiento biométrico.
La RCA también será exigida al abrir una cuenta, modificar claves, registrar nuevos destinatarios o cambiar dispositivos de seguridad.
Críticas y preocupación ciudadana
Si bien la CMF argumentó que la medida apunta a reducir el riesgo de fraudes y fortalecer la protección de los usuarios, el proceso no ha estado exento de cuestionamientos. Personas mayores y usuarios con bajo manejo digital han manifestado dificultades para adaptarse a aplicaciones móviles y sistemas biométricos.
Algunos ciudadanos han señalado que la tarjeta de coordenadas permitía autorizar operaciones de manera remota sin depender de teléfonos inteligentes, mientras que otros reconocen sentirse en desventaja frente a la creciente digitalización bancaria.
Así, mientras el sistema financiero avanza hacia estándares tecnológicos más exigentes, el desafío estará en asegurar que la transición no deje atrás a quienes aún dependen de métodos tradicionales para operar con sus bancos.









