Brasilia, 16 de julio de 2025 — El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva respondió con contundencia al nuevo embate comercial de Donald Trump. Frente al anuncio de la Casa Blanca de imponer un arancel del 50% a productos brasileños a partir del 1 de agosto, Brasil contraatacó con la firma del decreto que activa oficialmente la Ley de Reciprocidad, permitiendo la adopción de contramedidas proporcionales que podrían afectar seriamente las exportaciones estadounidenses.
Esta medida, lejos de ser simbólica, representa una señal clara de que Brasil no está dispuesto a tolerar presiones económicas unilaterales bajo pretextos infundados. Washington justificó las sanciones argumentando un “superávit desbalanceado” en el comercio bilateral y mencionando el contexto político interno brasileño, en particular el juicio contra el exmandatario Jair Bolsonaro por su presunta vinculación a intentos golpistas.
Para el gobierno de Lula, la ofensiva de Trump es vista como una maniobra ideológica y geopolítica, que busca tensionar los lazos con gobiernos progresistas de la región. “No aceptaremos ataques disfrazados de políticas comerciales. Brasil responderá con la misma intensidad a cualquier agresión económica”, expresó Rui Costa, ministro de la Presidencia, quien confirmó que el decreto fue publicado este martes en el Diario Oficial y comenzará a aplicarse tras agotar las instancias diplomáticas.
El decreto faculta al Ejecutivo a imponer nuevos aranceles, suspender beneficios comerciales y limitar el acceso de bienes estadounidenses al mercado brasileño, lo que podría afectar industrias clave como la agrícola, automotriz y tecnológica.
Además, Brasil iniciará un diálogo urgente con sus exportadores para calibrar el impacto de las medidas y delinear un plan de defensa comercial. “Esta ley protege a nuestra economía de decisiones arbitrarias. No podemos permitir que se debilite nuestra soberanía productiva”, remarcó Costa.
El movimiento de Brasil se suma a una ola de inquietud internacional por la política económica agresiva del expresidente republicano, quien busca consolidar una agenda proteccionista en medio de su carrera por la reelección. Países como Chile y miembros de la Unión Europea también han manifestado preocupación y comienzan a evaluar sus propias estrategias ante un posible nuevo ciclo de guerra comercial impulsada desde Washington.
Con este giro, Lula no solo defiende el comercio exterior de su país: también lanza un mensaje político claro al mundo. El Brasil de 2025 no es un actor pasivo, sino una potencia regional que exige respeto y reciprocidad.









