Su trayectoria estuvo estrechamente ligada al desarrollo de la arqueología del Norte Chico y, para la comunidad de Los Vilos, su nombre permanecerá asociado a las históricas excavaciones realizadas en la Quebrada de Quereo durante la década de 1970.
Esta madrugada falleció Gastón Castillo, destacado arqueólogo chileno y uno de los referentes de la disciplina en el país, cuya trayectoria profesional quedó estrechamente vinculada al desarrollo de las investigaciones arqueológicas en el Norte Chico.
Para Los Vilos, su partida tiene además un significado especial. Castillo formó parte del equipo que participó en las investigaciones desarrolladas en la Quebrada de Quereo durante la década de 1970, uno de los capítulos más relevantes de la historia científica y arqueológica de la comuna.
El 7 de enero de 2025, a medio siglo de aquella experiencia, Castillo tuvo la oportunidad de regresar a esos recuerdos durante una entrevista en la que abrió nuevamente su antiguo cuaderno de campo y reconstruyó parte de lo vivido durante la campaña de 1975.
Más que una conversación sobre arqueología, fue un viaje a la memoria de un joven investigador que, junto a otros profesionales, llegó a Los Vilos en una época en que esta disciplina comenzaba a consolidarse profesionalmente en Chile.
El recuerdo de Quereo
Gastón Castillo perteneció a la primera generación de estudiantes de Arqueología de la Universidad Católica del Norte, en Antofagasta, en tiempos en que el trabajo de campo constituía una parte fundamental de la formación de los nuevos arqueólogos.
En septiembre de 1975 llegó a Los Vilos para participar en la campaña de excavaciones de la Quebrada de Quereo, encabezada por el reconocido arqueólogo Lautaro Núñez.
Durante aquella entrevista recordó numerosos detalles de esos días: la pensión donde se alojaban, las dificultades propias de una campaña arqueológica, las celebraciones de Fiestas Patrias, las ramadas de Los Vilos y la relación que se fue generando entre aquellos jóvenes investigadores y la comunidad local.
Pero entre sus recuerdos destacaba especialmente la figura de Carlos Contreras, trabajador vileño que se incorporó al equipo de excavación.
Mientras algunos de los cortes arqueológicos no entregaban inicialmente los resultados esperados, Contreras insistió en su búsqueda hasta encontrar unos fragmentos duros que, a primera vista, parecían “fierro oxidado”.
Al examinarlos, los investigadores comprobaron que se trataba de huesos de fauna.
Castillo recordaba con especial claridad la reacción de Lautaro Núñez ante el hallazgo: “¡Estos son huesos de animales! ¿Y dónde los encontró don Carlos? […] ¡Listo, compañero! ¡Estamos listos!”
A partir de aquel momento, la investigación tomó un nuevo rumbo y comenzaron a aparecer evidencias de gran importancia.
Quereo como escuela de arqueología
Para Gastón Castillo, aquella experiencia terminó convirtiéndose en una verdadera escuela de terreno.
De Lautaro Núñez conservó especialmente una enseñanza que recordó durante la entrevista: el arqueólogo debía estar permanentemente involucrado con el sitio, observar, interpretar, modificar sus estrategias cuando fuera necesario y comprender profundamente el territorio que estaba investigando.
Medio siglo después, aquellos recuerdos permanecían intactos en su memoria.
También recordaba a los niños de Los Vilos que se acercaban con curiosidad a observar las excavaciones. Algunos de aquellos pequeños que miraban con atención el trabajo de los investigadores terminarían, años después, desarrollando sus propias carreras científicas, entre ellos Donald y Douglas Jackson y Gabriel Carrasco.
Castillo se emocionaba al recordar aquella circunstancia.
Sin saberlo, aquellos jóvenes arqueólogos que excavaban Quereo en 1975 no solo estaban aportando nuevos conocimientos sobre el pasado del territorio: también estaban despertando vocaciones entre los niños que seguían diariamente sus trabajos.
Una conversación que hoy adquiere otro significado
Durante aquella entrevista también hubo espacio para abordar diferencias y episodios controvertidos de su trayectoria profesional, entre ellos su posición frente al caso de El Mauro, un tema particularmente sensible para la provincia de Choapa.
La conversación permitió conocer directamente sus argumentos y antecedentes, aun cuando no necesariamente existiera coincidencia respecto de sus posiciones.
Más allá de las diferencias, aquel encuentro permitió escuchar su versión y conocer al profesional y al ser humano que había detrás de las decisiones y actuaciones que marcaron parte de su trayectoria.
Hoy, tras conocerse su fallecimiento, aquella conversación adquiere un significado especial.
Había regresado a su juventud.
A la Quebrada de Quereo, a septiembre de 1975, a sus primeros años como arqueólogo, a sus compañeros de campaña y a una comunidad vileña que, sin saberlo entonces, sería parte de uno de los episodios más importantes de su vida profesional.
Su legado trasciende las excavaciones y los hallazgos. Forma parte de una generación de investigadores que contribuyó a revelar la extraordinaria profundidad temporal y cultural del territorio del Norte Chico.
Para Los Vilos, su nombre quedará para siempre ligado a Quereo, a aquellos jóvenes arqueólogos que llegaron hace más de medio siglo y a una historia científica que ayudó a situar a la comuna en el mapa de la investigación arqueológica nacional.
Hoy, quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo recuerdan no solo al destacado profesional, sino también al hombre que, cincuenta años después, volvió a abrir su viejo cuaderno de campo para compartir sus recuerdos.
Según informó la familia, el transcurso de la tarde, sus restos serán velados en la parroquia Sagrada Familia de Sindempart en Coquimbo hasta las 14 horas de mañana domingo para, posteriormente, ser depositados en el cementerio Parque de Coquimbo.
Descansa en paz, Gastón Castillo.
Gracias por haber regresado a Quereo y a Los Vilos para contarnos, medio siglo después, aquella historia que también forma parte de nuestra memoria. (Por Joel Avilez)









