Mientras autoridades promueven el turismo, la congestión de vehículos pesados en la Avenida Costanera Salvador Allende genera preocupación por seguridad y contradicciones en el discurso municipal.
Avenida Costanera Salvador Allende, un punto clave para residentes y turistas en Los Vilos, se ha convertido en escenario de un creciente malestar debido a la ocupación masiva de estacionamientos públicos por camiones de alto tonelaje que transportan jibia. Aunque se reconoce la importancia de la actividad pesquera artesanal, la presencia de estos vehículos —que en ocasiones ocupan casi toda la vía— pone en riesgo el tránsito de peatones y automóviles, además de contrastar con las promesas de desarrollo turístico impulsadas por el municipio.
Las imágenes no mienten: camiones estacionados en fila, maniobras peligrosas y espacios públicos colapsados son una realidad cotidiana. Situación que, en comunas como La Serena o Papudo —donde el turismo es prioridad—, está estrictamente regulada. Sin embargo, en Los Vilos las autoridades parecen mirar hacia otro lado.
La respuesta de las instituciones
La Seremi de Transportes y Telecomunicaciones de la región, Alejandra Maureira, señaló que la administración de las vías públicas corresponde a los municipios: “Si hubiese una prohibición de estacionamiento, podríamos fiscalizar, pero no es el caso actual”.
Por su parte, Oscar Pereira, director de Tránsito municipal, afirmó que los camiones solo tienen restricción en la Avenida Caupolicán: “Si se estacionan bien y en el sentido correcto, no están infringiendo ninguna norma”. Al ser consultado sobre las diferencias con otras comunas turísticas, argumentó: “Los flujos son distintos, y las restricciones las determina la Seremi”.
Mientras, el director de Turismo local, Jorge Garrido, admitió la necesidad de “generar un ordenamiento territorial”, aunque sin anunciar medidas concretas.
¿Promesas o palabras al viento?
El contraste no puede ser más evidente: mientras el municipio celebra con bombos y platillos que Los Vilos será sede del próximo Congreso Nacional de Municipios Turísticos de Chile en octubre, la realidad en la Costanera muestra un escenario poco amigable para visitantes y vecinos.
La pregunta que queda en el aire es si la actual administración tiene la voluntad real de reordenar el territorio —priorizando seguridad y proyección turística— o si sus declaraciones son solo discursos que, como tantas veces, se los lleva el viento costero.
Por ahora, los ciudadanos esperan acciones, no anuncios. Mientras tanto, la imagen de Los Vilos como destino turístico pende de un hilo, atrapada entre camiones y promesas incumplidas.









