Un Gobierno que se excusa en el pasado

Las últimas cifras entregadas por el Banco Central sobre el Producto Interno Bruto (PIB) no son simplemente un dato estadístico más. Se trata de una señal de alerta que refleja con claridad el complejo momento económico que atraviesa Chile. La contracción de un 0,5% durante el primer trimestre representa el peor desempeño para este período en los últimos 17 años, una cifra que inevitablemente genera preocupación tanto en el mundo empresarial como en miles de familias chilenas.

El retroceso económico estuvo marcado principalmente por la caída de las exportaciones frente a un aumento de las importaciones, un escenario que evidencia debilidad en la capacidad productiva y competitiva del país. Chile, históricamente dependiente de su comercio exterior, enfrenta hoy una desaceleración que golpea directamente las expectativas de crecimiento y estabilidad.

Si bien la demanda interna mostró un crecimiento del 2,1%, impulsado por el consumo de los hogares y la inversión, aquello no ha sido suficiente para sostener una economía sólida y dinámica. Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional y de distintos analistas apuntan a que el crecimiento anual apenas rondaría el 2%, una cifra claramente insuficiente para responder a las necesidades sociales y económicas del país.

Pero junto con las cifras, hay otro elemento que comienza a generar creciente molestia en la ciudadanía: la reiterada explicación del Gobierno del Presidente José Antonio Kast, que insiste en atribuir la responsabilidad de los malos resultados exclusivamente a la administración anterior. Un relato que, lejos de tranquilizar, comienza a transformarse en una excusa repetitiva y desgastante.

Es evidente que todo gobierno hereda problemas, déficits y dificultades. Sin embargo, cuando la explicación permanente frente a cada indicador negativo es responsabilizar al pasado, lo que termina instalándose es una sensación de incertidumbre y preocupación respecto de la verdadera capacidad del Ejecutivo para conducir el país en momentos complejos.

La ciudadanía no eligió autoridades para escuchar justificaciones eternas, sino para encontrar soluciones. Gobernar implica asumir la realidad, enfrentar las dificultades y tomar decisiones. Persistir en una narrativa centrada únicamente en culpar al gobierno anterior no solo pierde eficacia política, sino que además proyecta debilidad y falta de conducción.

Chile necesita liderazgo económico, señales claras para la inversión y medidas concretas que permitan recuperar la confianza. El país no puede seguir atrapado entre diagnósticos repetidos mientras el crecimiento continúa debilitándose y las familias sienten cada vez más incertidumbre respecto a su futuro.

El peor desempeño económico para este período en 17 años no admite triunfalismos ni discursos complacientes. La economía requiere acciones urgentes, pero también un gobierno capaz de transmitir certeza, responsabilidad y conducción. Porque cuando las explicaciones comienzan a sonar más fuertes que las soluciones, la preocupación deja de ser solo económica y pasa a convertirse también en una crisis de confianza.