En Cartagena de Indias, la danzaterapia se convirtió en un lenguaje común de sanación y sororidad entre mujeres chilenas y colombianas.
Tal como informamos en la edición anterior, un grupo de mujeres melipillanas emprendió un viaje profundamente simbólico a Colombia, en el marco de un programa de intercambio cultural autogestionado. La delegación, encabezada por la psicóloga y fundadora del Movimiento Significativo, Maggy Gómez Sepúlveda, aterrizó en Cartagena de Indias el viernes 4 de julio, llevando consigo no solo maletas, sino también saberes, emociones y la fuerza del movimiento como forma de expresión.
El primer encuentro se realizó en el Centro Cultural Las Palmeras, junto a la organización “Mujeres Sobre Ruedas”, conformada por mujeres con discapacidad física que viven en una de las zonas más vulnerables de la ciudad. Allí, la danza no fue espectáculo, sino lenguaje; no fue coreografía, sino puente. Las anfitrionas compartieron su visión de vida: mujeres que, más allá de sus cuerpos en sillas de ruedas, son trabajadoras, madres, esposas, luchadoras incansables por el derecho a ser vistas y valoradas en su totalidad.
En palabras de Gina Pérez, lideresa de la agrupación colombiana, el encuentro superó todas las expectativas: “La relación entre movimiento, emoción y música se vivió de forma tan intensa, tan verdadera… Creo firmemente en la juntanza, en la sororidad, y estos espacios entre mujeres siempre son poderosos y profundamente sanadores.
Vi un trabajo hecho con dedicación, con amor, con atención al detalle. La danza nos mostró el tránsito de las emociones en cada gesto, en cada vibración del cuerpo. Las compañeras decían que lo sentían en la piel, y eso lo dice todo: había emoción real, emoción viva.
Pudimos conectarnos, reconocernos, y al final, ese abrazo colectivo fue más que un gesto: fue un acto de reafirmación y fuerza. Todo el encuentro fue poderoso, enriquecedor, fortalecedor. ¡Maravilloso!”
Lo vivido en esa jornada se convirtió en un canto silencioso de cuerpos que hablan, que sienten, que resisten y sueñan. Al final de la presentación, mujeres chilenas y colombianas se fundieron en abrazos, compartieron lágrimas, sonrisas y ese estremecimiento íntimo que solo se da cuando dos pueblos se encuentran desde el alma.
El recorrido continúa entre intercambios y aprendizajes, entre turismo cultural y vivencias transformadoras. Este martes 8 de julio, la delegación se trasladó a Tolú, a tres horas de Cartagena, donde nuevas organizaciones esperaban para continuar sembrando experiencias entre Melipilla y Colombia, en el ritmo vibrante de la danza que cura, une y transforma.









