Incomodidades en Los Vilos: el inspector de tránsito municipal, el concejal y la lotería familiar

La Avenida Fresia, que acompañó el crecimiento de la comuna costera de Los Vilos desde su pasado de caleta de pescadores, ha tenido en su historia tres momentos superlativos.

El primero ocurre durante el siglo XIX, cuando fue parte de la conectividad en áreas vitales que impulsaron el desarrollo portuario y comercial de la zona en el contexto del auge del ferrocarril y del transporte marítimo, a partir de lo cual se experimentan décadas de embarques de cereales, cebos, grasas, cueros y minerales —que incluía la alta producción aurífera de Casuto, Las Vacas y Espíritu Santo, en Canela— todo lo cual provenía del departamento de Illapel, Combarbalá y Petorca, con rumbo al norte salitrero o las factorías de Londres o Liverpool.

En esa época la Avenida Fresia era una incipiente costanera al no existir ninguna vía más cercana al mar, con excepción de la línea férrea —que pasaba por donde en la actualidad está la Avenida Salvador Allende, más conocida como la Costanera— y que consistía en un ramal o línea secundaria que se iniciaba en el muelle Fiscal o de pasajeros (1887) y en el muelle de Ferrocarril (1890), los cuales, a partir de la llegada del tren en 1912, se sincronizan con la línea troncal del Ferrocarril Longitudinal Norte.

El segundo momento sucede a mediados del siglo XX cuando arriba a la Avenida Fresia su más descollante vecino, nada menos que Dámaso Raúl Bahamondes Brickles, un destacado arqueólogo e investigador de las culturas del norte grande y chico, especialmente en las áreas de lítica (artefactos de piedra) y en el utillaje de pesca, proceso en el cual hace uno de los mayores énfasis, registrando teórica y materialmente las secuencias de manufactura de los anzuelos de madera y concha usados por las culturas precolombinas del litoral.

Junto a su colega argentino Julio Montané Martí, en 1973 realizó una trinchera de inspección en los estratos de la quebrada de Quereo, verificando la existencia de una variada fauna pleistocénica, con huesos que, sin duda alguna, habían sido marcados por cazadores paleoindianos provistos con instrumentos cortantes. En la imagen de 1991 se observa la vivienda en donde Raúl Bahamondes, en la parte baja, tuvo su laboratorio arqueológico privado en Los Vilos; era una cabina tipo americana que él mismo había diseñado y construido junto a un amigo arquitecto, que destacaba por sus muros de piedra laja natural.

El tercer momento se lleva a cabo en el siglo XXI cuando la Avenida Fresia es pavimentada, modificando el aspecto del sector que hasta entonces había sido una eterna polvareda. De esa forma se convierte en una arteria alternativa a la Costanera cada vez que el municipio local decide organizar espectáculos masivos que redundan en ruidos molestos, por sí y ante sí, de manera inconsulta con las personas que habitan el sector denominado Turismo Norte, expansión que se origina en la década de los años cincuenteros como un loteo planificado para incentivar el turismo, y que en la actualidad es el rostro más acicalado de Los Vilos para quienes visitan el balneario, al bordear las principales playas del balneario.

En diciembre de 2024 el abogado Fernando Gastón Castillo Aguirre presentó ante la Corte de Apelaciones de La Serena un recurso de protección contra la Municipalidad de Los Vilos (Protección N°1962-2024, Número Identificador del Envío: 5-112329238-2024). Su reclamo: la contaminación acústica que iban a provocar las columnas de parlantes que serían ubicadas, como ocurre en esas ocasiones, sobre el escenario que ya había sido erigido en la Costanera, espectáculo organizado por el municipio, pese a la oposición de los vecinos en torno a la Avenida Fresia. Esta causa es obstaculizada por los abogados de la Municipalidad de Los Vilos, logrando que su sentencia definitiva se diera a conocer solo después de la fecha en cuestión.

Pero ahora, en plena estación estival 2026, la Municipalidad de Los Vilos vuelve a corretear a los vecinos de Avenida Fresia, cursando infracciones de tránsito a los vehículos mal estacionados. El protagonista de este episodio es el inspector de tránsito y patentes Mauricio Díaz. Como se aprecia en la imagen, la Avenida Fresia es muy estrecha, sin bermas y muy mal señalizada por parte del Departamento de Tránsito, y durante las actividades nocturnas programadas por el municipio, los vecinos, como una forma de lograr una mayor fluidez al alto tráfico de vehículos —y evitar los bocinazos por doquier— suelen estacionar sus automóviles sobre las aceras, única forma de impedir colisiones por alcance y evitar una mayor congestión, porque se trata de una cantidad inusual de autos y camionetas que transitan cuando está cerrada la Costanera.

En la imagen de arriba, proporcionada por testigos, se observa al inspector de tránsito ya individualizado en el momento preciso en que deja el parte en el parabrisas al cursar personalmente una denuncia por infracción a la Ley de Tránsito, en la misma dirección donde tenía su casa el gran arqueólogo Raúl Bahamondes. Al parecer se trata del momento más adecuado para corretear a los vecinos de Avenida Fresia, los mismos que osaron presentar un recurso de protección en contra del municipio, circunstancia judicial que habría ocasionado la molestia del alcalde Christian Gross Hidalgo.

El instalar un vehículo en las aceras de la Avenida Fresia no es por darse un gustito, sino que es una forma desesperada de poder enfrentar una urgencia de tránsito ocasionada por el mismo municipio local, al no disponer de las precauciones mínimas —y que la misma Corte de Apelaciones le había ordenado perentoriamente— al organizar espectáculos muy concurridos, bulliciosos y sucios, convirtiendo la Avenida Fresia en un virtual baño público.

Otra cosa muy diferente es lo que acaba de acontecer con el concejal de Los Vilos, Mathias Eyzaguirre Méndez, a quien dos inspectoras de tránsito le invitaron a mover su camioneta que estaba sobre la acera en el sector de la Feria Libre. Según testigos, el concejal alzó la voz y manifestó que era una autoridad del municipio recriminando el actuar de as funcionarias municipales.

Y eso no es todo: desde el verano pasado el municipio habría autorizado una sala de entretención tipo casino con juegos de azar, máquinas tragamonedas y taca tacas, que funciona en la Costanera y delimita con la Avenida Fresia. El empresario quillotano César Andrés Rebolledo Olivares la construyó en un terreno arrendado a la familia Bustamante, propietaria de Multitiendas Géminis.

El problema estriba en el juego nocturno, la denominada Lotería Familiar, que comienza a las 21:30 horas y se extiende hasta pasada la medianoche, con una persona voceando los números a todo volumen, además del ruido amplificado de las bolitas en el tambor. A ello se suma el karaoke nocturno, provocando una alta contaminación acústica sin regulación municipal.

El vecino Rolando Ramírez, cuya vivienda se ubica frente a la sala de entretención, envió un mensaje de WhatsApp al alcalde Christian Gross denunciando el maltrato animal en el recinto y los reiterados ruidos molestos, sin obtener respuesta hasta el cierre de la nota.

Finalmente, el texto señala una posible infracción a la Ley 21.020 de Tenencia Responsable de Mascotas y critica duramente la falta de empatía y el abuso de poder por parte de la Municipalidad de Los Vilos, calificando la situación como una persecución injusta hacia los vecinos de la Avenida Fresia.

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Por Patricio Nazer, periodista y escritor

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