Alza salarial del próximo Presidente marca un inicio con ruido político

El gobierno que encabezará José Antonio Kast comenzará su mandato enfrentando una controversia temprana: el reajuste de la remuneración presidencial, que subirá en cerca de $4 millones y dejará el sueldo del jefe de Estado en torno a los $11 millones brutos mensuales. La cifra supera lo percibido por el mandatario saliente, Gabriel Boric, y se transforma en la más alta registrada hasta ahora para el cargo.

Según informó El Mercurio, el monto fue determinado por una comisión transversal de expertos constituida por el Senado en 2023. En dicha instancia participaron exautoridades del ámbito económico y político, entre ellos el exministro de Hacienda Felipe Larraín, el exsubsecretario Alejandro Weber, el expresidente del Banco Central Enrique Marshall, la exsubcontralora Patricia Arriagada y el exdiputado RN Diego Paulsen.

Pese a su origen técnico, la decisión ha despertado cuestionamientos por el contraste con el escenario económico que enfrenta el país, caracterizado por un crecimiento moderado, presiones en el mercado laboral y dificultades para miles de hogares. Las críticas apuntan también a la distancia entre este incremento y el mensaje de austeridad fiscal que Kast levantó como uno de los ejes de su campaña presidencial.

Consultado en una entrevista con Canal 13, el presidente electo evitó referirse directamente al aumento y optó por enfatizar su postura contra el uso del Estado como “agencia de empleos”, asegurando que su prioridad será impedir el nepotismo y promover la idoneidad en los cargos de confianza. Ante la insistencia del periodista Iván Valenzuela, Kast recalcó que la definición “es una norma legal decidida por el Congreso”, restando responsabilidad política a la señal que implica iniciar su administración con una mejora salarial de esta magnitud.

El futuro mandatario agregó que su llegada a La Moneda le permitirá reducir gastos personales en materias como arriendo y seguridad, argumento que no logró disipar las críticas, ya que, según distintos analistas y sectores políticos, el debate de fondo no es financiero sino simbólico.

Así, el reajuste del sueldo presidencial se instala como uno de los primeros temas incómodos del nuevo ciclo político, abriendo una discusión sobre coherencia, prioridades y el equilibrio entre austeridad discursiva y decisiones concretas en el ejercicio del poder.